Saturno

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Saturno Tierra
Características físicas
Diámetro del ecuador (km): 120.536 12.756,28
Periodo de rotación: 10 h 13 min 23 h 56 min
Masa (kg): 6,69 × 1028 5,97 × 1024
Densidad (g/cm3): 0,69 5,51
Gravedad superficial (m/s2): 9,05 9,81
Velocidad de escape (km/s): 35,49 11,19
Inclinación axial (º): 26,73 23,45
Temperatura (K):
Mínima:
Media:
Máxima:
82
143
(?)
182
282
333
Características orbitales
Radio medio (km): 1.426,72 × 106 148,50 × 106
Excentricidad: 0,054 0,0167
Periodo de traslación: 29 años 167 días 365 d 6 h
Otros datos
Principales satélites: Titán
Rea
Hiperión
Atmosfera Presión variable con la profundidad.
93% de hidrógeno.
5% de helio.
En la ciencia ficción
Principales obras: 2001, una odisea espacial
Gattaca (Titán)

El Saturno real:

Saturno es el quinto planeta del Sistema Solar a partir del Sol. Es, al igual que Júpiter, Urano y Neptuno, un "gigante gaseoso" (a diferencia de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, que son los llamados planetas "telúricos").

Su radio orbital medio es de 1.427 millones de kilómetros, su periodo orbital de 29 años y 167 en recorrer y su diámetro ecuatorial de 120.536 kilómetros, notablemente inferior que la distancia entre los polos; la enorme velocidad de rotación del planeta deforma su atmósfera.

Los anillos:

La característica más notable de Saturno son sus anillos. Fueron "casi" descubiertos por Galileo en 1610; éste observó dos objetos anómalos a los lados del planeta, pero la escasa calidad de sus lentes no le permitió determinar su auténtica forma. Fue Huygens quien en 1655 sugirió que se trataba de un disco delgado separado del planeta y en 1675 Cassini descubrió la división que lleva su nombre.

Los siguientes descubrimientos serían las demostraciones matemáticas de Laplace, que demostró que no podría tratarse de un anillo sólido y sugirió que se trataba de una serie de anillos conjuntos, y de Maxwell en 1857, que demostró que se trataba, en realidad, de una gran cantidad de objetos menores.

En 1895, mediante mediciones del efecto Doppler se determinó que las zonas interiores giraban más rápido que las exteriores (tal y como marcan las leyes de la física). En 1973 se pudo medir, gracias a la reflexión de las ondas de radio en función de la longitud de onda de éstas, y dentro de cierto rango, los tamaños aproximados de las partículas que los componían.

La observación cercana y directa de los anillos fue por fin realizada en 1980, cuando las sondas Voyager sobrevolaron el planeta.

Los anillos tienen un radio interior de unos 67.000 kilómetros, un radio exterior de unos 480.000 y un grosor de unos pocos kilómetros. Su diámetro exterior es muy cercano al límite de Roche (límite a partir del cual los efectos de marea entre un cuerpo y el Sol pueden destruir cuerpos menores), por lo que se supone que son debidos a la destrucción de una de las lunas del planeta que se acercó demasiado.

Saturno en la ciencia ficción:

Al igual que Urano, las características del planeta le hacen un blanco muy poco probable para imaginar colonizaciones y sin embargo ha recibido un tratamiento muy diferente por parte de los autores de ciencia ficción, que frecuentemente le han utilizado como fondo e incluso escenario de sus historias. Sin ir más lejos, la versión novelada de 2001, una odisea espacial (1968), escrita por Arthur C. Clarke, tiene como objetivo de la misión a Saturno y no a Júpiter como en la película.

Casi sin lugar a dudas, la primera vez que es mencioando este planeta en una historia de ficción será en la obra sarcástica de Voltaire, Micromegas (1752). Acorde los conocimientos de la época, Voltaire asegura que el planeta está habitado por gigantes y es novecientas veces mayor que la Tierra.

Más veraz es la película Naves misteriosas (1972), donde nos encontramos una flotilla de naves espaciales orbitando el planeta y éste adquiere gran relevancia en la trama como escenario. El protagonista utilizará sus anillos para fingir un accidente y luego mantenerse oculto entre el resto de materiales que los componen.

Y es que, sin duda, la extrañamente bella formación de estos anillos resulta un escenario impresionante y sugerente. En literatura existen varios ejemplos, como el relato largo, El proceso (1968), de Stanislaw Lem, donde Pirx comanda una nave que debe depositar tres sondas espaciales en la discontinuidad de Cassini.

En la saga de los Ocho mundos, de John Varley, los anillos han sido colonizados por humanos en simbiosis con seres vegetales que les sirven a modo de traje espacial y que comercian con los satélites (especialmente Jano) intercambiando obras artísticas para cubrir sus escasas necesidades.

Sus satélites también han sido elegidos como marco de algunas buenas historias por ser un posible blanco de colonización, como Titán, objetivo de las misiones en Gattaca (1997) y definitivamente domesticado en ¡Tigre! ¡Tigre! (1956).

Sofía Rhei, en Calipso (2013) ambienta en el satélite homónimo una historia adulta que auna romanticismo y existencialismo, en un relato publicado en la antología Más allá de Némesis (2013), obra coral que trata de expandir el universo creado por Aguilera y Redal en El refugio (1994).

Otros homenajes:

Quizás por su belleza, el caso es que la imagen del planeta se ha convertido en un icono de la ciencia ficción y se ha grabado indeleble también en la imaginería popular. Prueba de ellos son los repetidos homenajes al gigante gaseoso de los cuales dos ejemplos preeminentes son el bautizo en su honor de los premios cinematográficos más importantes dentro de la ciencia ficción (Premios Saturn) y la saga de cohetes Saturno.


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