Invisibilidad
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La invisibilidad es la cualidad de lo invisible (que no puede ser visto). Aplicados a cuerpos físicos, se dice comunmente que son invisibles cuando no pueden ser visto por un observador dado en condiciones de luz normales.
Tabla de contenidos
Invisivilidad en la vida real:
Invisibilidad, camuflaje y tecnología furtiva:
Sin embargo, se pueden hacer muchas matizaciones. Un objeto puede ser invisible al ojo humano, lo que quiere decir que es invisible a ciertas amplitudes de onda. La luz visible sólo es una parte del espectro electromagnético y un objeto podría ser visible o invisible a la luz ultravioleta, los infrarrojos, microondas, etc.
No se debe confundir la invisibilidad con el camuflaje o las tecnologías furtivas.
El camuflaje es disimular algo dandole el aspecto de otra cosa, como la adopción de la coloración del entorno para confundirse con el fondo. Así, una persona vestida de negro en una noche oscura podría parecer invisible al ojo humano cuando en realidad sólo está camuflada.
La tecnología furtiva no es ninguna de las opciones anteriores. Los aviones “invisibles” al radar tampoco son invisibles en realidad, sino que se valen de una serie de materiales y configuraciones geométricas para dispersar las ondas de radar y que la mayoría no vuelvan al punto de origen, lo que les hace parecer objetos mucho más pequeños. El avión no se ha camuflado, se le sigue detectando, y si parece invisible es simplemente por la imperfección del detector.
La luz y la visión:
Para comprender cómo podría funcionar la invisibilidad hay que comprender cómo funciona la luz.
James Clerk Maxwell (1831-1879) definió las ecuaciones de onda de la radiación electromagnética, demostrando que electricidad, magnetismo e incluso la luz, eran manifestaciones del mismo fenómeno. Sus ecuaciones describen perfectamente el comportamiento de la luz, una onda caracterizada por su amplitud, frecuencia e intensidad.
El proceso según el cual vemos requiere de un foco de luz, un objeto a ver y un receptor (el ojo). La luz que incide en el objeto, básicamente, puede ser absorbida, reflejada o refractada. Un objeto que vemos como verde, por ejemplo, en realidad es de todos los colores menos el verde, ya que esa es la longitud de onda que refleja (rebota) y eventualmente incide en nuestro ojo, permitiendo que percibamos el objeto verde.
Si el objeto es opaco, eso quiere decir que absorbe el resto de longitudes de onda. Pero si es traslúcido, entonces eso nos indica que los rayos de luz de alguna longitud de onda han sido refractados, han atravesado el objeto sin ser ni absorbidos ni reflejados.
Esto ya nos muestra una primera aproximación a la invisibilidad, que sería la transparencia. Pero conseguir que un objeto dado se vuelva transparente requeriría cambiar sus propiedades físico-químicas, algo que puede no ser deseable.
Pero la refracción ofrece otra interesante posibilidad: modificar la trayectoria del haz luminoso. La refracción, es el cambio de dirección que experimenta una onda al pasar de un medio a otro, debido al cambio de velocidad.
Esta podría ser una importante propiedad de los materiales, clave para conseguir un efecto de invisibilidad. Un material que rodeara al objeto que pretendemos hacer invisible podría estar diseñado de tal forma que variara su índice de refracción paulatinamente hasta conseguir que el rayo de luz rodeara al objeto y saliera detrás del mismo como si en realidad lo hubiese atravesado.
En realidad resulta en un efecto similar a utilizar un conjunto de espejos.
La invisibilidad en la literatura y la ciencia ficción:
El motivo de la invisibilidad ha estado presente en la literatura desde sus inicios, e incluso antes, en las historias orales. De tal forma, no existe una mitología en todo el mundo que no tenga una leyenda acerca de un manto o un anillo que concede invisibilidad a su portador.
De manera muy significativa, y a modo de ejemplo, Platón en el segundo libro de La República, menciona el mito del pastor Giges de Lidia, quien encontró un anillo que lo hacía invisible gracias al cual sedujo a la reina, asesinó al rey y se hizo con el reino. Platón quería, con este mito, ilustrar su teoría de que la moral era un constructo social: no robamos ni matamos no porque creamos que está bien o mal, sino porque tenemos miedo de las consecuencias si se llega a saber lo que hemos hecho. De poseer la impunidad que nos concedería un anillo como el de Giges, todos nos corromperíamos y actuaríamos en beneficio propio, argumenta Platón.
El propio relato de H.G. Wells, El hombre invisible, que se ha convertido en un referente universal sobre el tema, no tiene una argumentación muy distinta. Un científico descubre accidentalmente cómo hacerse invisible y el poder que esto le proporciona le corrompe. Inicia una oleada de pequeños robos y termina asesinando, pero, a diferencia de Platón, la sociedad termina atrapando y castigando al criminal que amenaza sus reglas.
Sin embargo, lo más habitual es que la posibilidad de hacerse invisible haya sido tratada como una mera ventaja estratégica, como objetos mágicos que ayudan al héroe a cumplir sus objetivos pero que no centran la atención de las acciones narradas.
En ciencia ficción, los ejemplos son también numerosos. Las naves klingon de la saga de Star Trek poseen un dispositivo de ocultación que les permite tender emboscadas a las naves de la Federación. Naves invisibles, son, de hecho, habituales en la ciencia ficción (El vuelo del navegante).
Como dispositivos individuales, también son muy utilizados, sobre todo en cuerpos de élite como la sección 9 de la saga de Ghost in the Shell, o como parte del equipo deseos cazadores extraterrestres que son los Predator.