Diferencia entre revisiones de «Capitalismo»

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El '''capitalismo''' es un modelo económico y que se basa en la propiedad privada de los medios de producción y la libre competencia en la oferta de servicios. Por su funcionamiento, consecuencias e influencia en la [[Sociedades en la ciencia ficción|sociedad]] ha sido motivo habitual de crítica en la [[ciencia ficción]].
  
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El capitalismo defiende la propiedad privada de los medios de producción. Contrario a lo que se suele asumir, no es el único sistema económico y social que defiende la propiedad privada. El comunismo, aunque rechaza la propiedad privada de los medios de producción, no niega la propiedad personal de bienes de consumo.
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Otros sistemas, como el socialismo de mercado, también contemplan la propiedad privada de parte de los medios de producción, en función del grado de intervención estatal que postulen. En el feudalismo, por su parte, la tierra era el principal medio de producción y fuente de riqueza. Los señores feudales poseían vastas extensiones de tierra, lo que les otorgaba un control significativo sobre los recursos y la producción.
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En el capitalismo ideal las decisiones económicas se toman en un mercado libre, donde la oferta y la demanda determinan los precios de bienes y servicios, sin intervención significativa del Estado u otros agentes externos. En este mercado existe la libre competencia, con un gran número de compradores y vendedores, ninguno de los cuales tiene un poder suficiente para influir significativamente en los precios.
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Por ello, los defensores del mercado libre defienden con ardor el mínimo intervencionismo estatal, ya que atentaría contra la libre competencia e impone importantes barreras al comercio.
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El motor de la economía es la búsqueda de beneficios por parte de todos los participantes. Las empresas y los individuos aspiran a maximizar sus ganancias y esta dinámica, inherente al sistema, impulsa una serie de procesos y comportamientos que configuran el panorama económico y social.
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De nuevo en teoría, esto debería ser un incentivo para la eficiencia. En las empresas, para reducir costes e innovar frente a la competencia, lo que debería llevar a una oferta más amplia con precios más bajos, lo que beneficiaría al consumidor. Paradigmáticamente, los recursos escasos se asignarían a los sectores donde la demanda es mayor para obtener mayores beneficios. Además, la ganancias empresariales se reinvertirían en el desarrollo y crecimiento de las propias empresas, expandiendo la economía.
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Sin embargo, esta dinámica tiene efectos que entran en conflicto con la asumida eficiencia, así como con algunos de los principios del libre mercado. La concentración de la riqueza crea desigualdades que inducen a desequilibrios de poder, tanto entre los poseedores de los medios de producción y los asalariados como entre los diferentes competidores del mercado, desmintiendo la posibilidad de un mercado auténticamente libre.
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Por otra parte, se suele asumir que la búsqueda de beneficios conduce a una carrera por la competitividad que permita a los suministradores de bienes y servicios captar una mayor cuota de mercado. Sin embargo suele ser corriente que los participantes lleguen a acuerdos de no agresión, pactando precios, lo que detiene la mejora de productos y servicios y extrae riqueza del consumidor.
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Otro efecto indeseado pero frecuente es la externalización de los costes de producción, donde las empresas trasladan los costes asociados a ciertas actividades a un tercero en lugar de asumirlos internamente. En general, esto parece una buena idea, ya que permite la especialización y aporta flexibilidad. Sin embargo, también conlleva inconvenientes, como pérdida sobre el control de la calidad, problemas de comunicación (atentando contra uno de los principios de libre mercado) y, especialmente, un elevado impacto social y ambiental, ya que dos de las principales externalizaciones son la contaminación (otro se encarga de arreglar los desperfectos ambientales que genera la empresa) y la mano de obra (lo que conduce a explotación).
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== El capitalismo real: ==
 
== El capitalismo real: ==

Revisión de 10:26 5 sep 2024

El capitalismo es un modelo económico y que se basa en la propiedad privada de los medios de producción y la libre competencia en la oferta de servicios. Por su funcionamiento, consecuencias e influencia en la sociedad ha sido motivo habitual de crítica en la ciencia ficción.

Características teóricas:

Propiedad de los medios de producción:

Los medios de producción son los recursos económicos que se utilizan para producir bienes y servicios. Son todas aquellas herramientas, maquinarias, instalaciones, materias primas, tecnología y conocimientos necesarios para transformar los recursos naturales en productos finales que satisfacen las necesidades humanas.

El capitalismo defiende la propiedad privada de los medios de producción. Contrario a lo que se suele asumir, no es el único sistema económico y social que defiende la propiedad privada. El comunismo, aunque rechaza la propiedad privada de los medios de producción, no niega la propiedad personal de bienes de consumo.

Otros sistemas, como el socialismo de mercado, también contemplan la propiedad privada de parte de los medios de producción, en función del grado de intervención estatal que postulen. En el feudalismo, por su parte, la tierra era el principal medio de producción y fuente de riqueza. Los señores feudales poseían vastas extensiones de tierra, lo que les otorgaba un control significativo sobre los recursos y la producción.

Mercado libre:

En el capitalismo ideal las decisiones económicas se toman en un mercado libre, donde la oferta y la demanda determinan los precios de bienes y servicios, sin intervención significativa del Estado u otros agentes externos. En este mercado existe la libre competencia, con un gran número de compradores y vendedores, ninguno de los cuales tiene un poder suficiente para influir significativamente en los precios.

En este tipo de mercado, además, todos los participantes en el mercado tienen acceso a la misma información sobre precios, calidad de los productos y condiciones del mercado. Es decir, la información es perfecta.

Siendo estas las dos características más notables, el mercado libre requiere además de que los factores de producción (tierra, trabajo, capital) pueden moverse libremente entre diferentes usos y ubicaciones y en la ausencia de restricciones al comercio entre diferentes países o regiones.

Por ello, los defensores del mercado libre defienden con ardor el mínimo intervencionismo estatal, ya que atentaría contra la libre competencia e impone importantes barreras al comercio.

Búsqueda de beneficios:

El motor de la economía es la búsqueda de beneficios por parte de todos los participantes. Las empresas y los individuos aspiran a maximizar sus ganancias y esta dinámica, inherente al sistema, impulsa una serie de procesos y comportamientos que configuran el panorama económico y social.

De nuevo en teoría, esto debería ser un incentivo para la eficiencia. En las empresas, para reducir costes e innovar frente a la competencia, lo que debería llevar a una oferta más amplia con precios más bajos, lo que beneficiaría al consumidor. Paradigmáticamente, los recursos escasos se asignarían a los sectores donde la demanda es mayor para obtener mayores beneficios. Además, la ganancias empresariales se reinvertirían en el desarrollo y crecimiento de las propias empresas, expandiendo la economía.

Sin embargo, esta dinámica tiene efectos que entran en conflicto con la asumida eficiencia, así como con algunos de los principios del libre mercado. La concentración de la riqueza crea desigualdades que inducen a desequilibrios de poder, tanto entre los poseedores de los medios de producción y los asalariados como entre los diferentes competidores del mercado, desmintiendo la posibilidad de un mercado auténticamente libre.

Por otra parte, se suele asumir que la búsqueda de beneficios conduce a una carrera por la competitividad que permita a los suministradores de bienes y servicios captar una mayor cuota de mercado. Sin embargo suele ser corriente que los participantes lleguen a acuerdos de no agresión, pactando precios, lo que detiene la mejora de productos y servicios y extrae riqueza del consumidor.

Otro efecto indeseado pero frecuente es la externalización de los costes de producción, donde las empresas trasladan los costes asociados a ciertas actividades a un tercero en lugar de asumirlos internamente. En general, esto parece una buena idea, ya que permite la especialización y aporta flexibilidad. Sin embargo, también conlleva inconvenientes, como pérdida sobre el control de la calidad, problemas de comunicación (atentando contra uno de los principios de libre mercado) y, especialmente, un elevado impacto social y ambiental, ya que dos de las principales externalizaciones son la contaminación (otro se encarga de arreglar los desperfectos ambientales que genera la empresa) y la mano de obra (lo que conduce a explotación).

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El capitalismo real:

En el capitalismo productivo inicial, los capitalistas son los propietarios del capital, el dinero con el que compran maquinaria, materias primas y fuerza de trabajo (física o intelectual, en el caso de los trabajadores cualificados) de las clases trabajadoras, que venden su tiempo, fuerza física o conocimiento (y, a veces, su salud) a cambio de un salario. El esfuerzo de los trabajadores, mediante los medios de producción propiedad del capitalista, crea la riqueza, cuya venta cubre los gastos (materia prima, amortización de la maquinaria, salarios...) y genera una plusvalía que es el beneficio del que se apropia el capitalista.

Este modo de funcionamiento lleva, inevitablemente, a la concentración de capital: las economías de escala hacen que las empresas más grandes obtengan mayores beneficios, lo que les permite inversiones que mejoran su eficiencia y aumenten sus beneficios, permitiéndoles nuevas inversiones y crecimiento. Así, la economía de escala es el motor que hace crecer a las empresas absorbiendo el mercado de sus competidores. El mismo tamaño necesario para competir es una barrera a la entrada de nuevos competidores, por lo que el sistema desemboca inevitablemente en monopolios, salvo intervención estatal (las disrrupciones que permitan la apertura de nuevos mercados son raras y serán también aprovechadas principalmente por quienes tengan capital para invertir en ellas).

El capitalismo productivo evoluciona a capitalismo financiero cuando el mismo dinero es un producto que puede ser vendido en préstamos; también las empresas se convierten en productos: su valor económico puede ser medido por el de los medios materiales que las integran, sus activos financieros, el valor de sus ventas... Sus propietarios pueden ofrecer la participación en los beneficios a quienes compren participaciones de las empresas, participaciones que pueden ser empaquetadas y vendidas... de forma que se crea un mercado de productos financiero: participaciones en fondos de activos de empresas... que no necesariamente producen riqueza real y pueden dedicarse a la venta y negocio de otros productos financiero.

Al final, el capital es manejado por un grupo reducido de personas que lo acumulan y comercian con productos muy alejados de la creación de riqueza real y cuya única motivación es el mayor enriquecimiento posible en el mínimo tiempo posible, lo que inevitablemente (una vez más) lleva a la explotación de los trabajadores y a esquilmar los recursos del entorno despreocupándose del efecto de los residuos en el medio ambiente (el daño ecológico sólo puede ser evitado mediante intervención estatal, pues el tratamiento de los residuos contaminantes rara vez produce beneficios).

El capitalismo en la ciencia ficción:

El capitalismo ha sido objeto de crítica en la ciencia ficción prácticamente desde los comienzos del género.

Así es objeto de crítica en obras tan tempranas como la novela R.U.R. (Robots Universales de Rossum) (Karel Capek, 1920), en la novela Metrópolis de Thea von Harbou (1926) y en su adaptación cinematográfica por Fritz Lang (1927), en la novela La guerra de las salamandras (Karel Capek, 1936)...

Aunque el capitalismo tuvo (y tiene) también férreos defensores como Robert A. Heinlein en La Luna es una cruel amante (1965), la década de los '80, con el auge de las políticas liberales de Reagan y Thatcher y el cruel golpe que asestaron al bienestar de las clases medias, reveló las costuras de este modelo económico, y su critica es uno de los ejes del ciberpunk, en obras como Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Neuromante (William Gibson, 1984), Robocop (Paul Verhoeven, 1987), Max Headroom (1987)...