Diferencia entre revisiones de «Telepatía»

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La etimología proviene del griego, el prefijo ''tele'' (a distancia) y ''pátheia'' (sentimiento).  
La etimología proviene del griego, el prefijo ''tele'' (a distancia) y ''pátheia'' (sentimiento).  


Dentro de la [[ciencia ficción]] este fenómeno se asume haciendo una analogía con los encefalogramas (si bien existen otras explicaciones). Según esta analogía, nuestro cerebro produce un campo eléctrico que puede ser medido. Es posible que algunos seres (los telépatas) tengan la posibilidad de captar e interpretar ese campo, leyendo así el pensamiento.
== La telepatía en la realidad: ==


Dadas las implicaciones éticas que tiene la intromisión en los pensamientos de otra persona, dentro de los [[poderes psíquicos]] quizás es la telepatía el que mayor juego ha dado a los escritores de ciencia ficción, especialmente en la de los años '50 y '60.  
Aunque actualmente los pretendidos fenómenos telepáticos están completamente desacreditados, durante mucho tiempo se pensó que tenían una base real. Su investigación sistemática, de manera indirecta, contribuyó al desarrollo de las neurociencias y de la psicología.


A finales de los años '60 y principios de los '70, la telepatía era casi asumida como una realidad, incluso por autores de [[ciencia ficción dura]] como [[Poul Anderson]], en gran parte debido a estudios soviéticos (por ejemplo ''La teoría del aspecto de la información de la telepatía'', I.M Kogan, 1969). En plena guerra fría los gobiernos de los dos grandes bloques, notablemente paranoicos, estaban dispuestos a investigar cualquier posibilidad que el "enemigo" estuviese investigando, lo que dio pie a la publicación de numerosos estudios que hoy en día se sabe que adolecian de graves fallos metodológicos.
Hans Berger (1873 - 1941) fue una de estos científicos que a principios del siglo XX investigaban una correlación entre la actividad objetiva del cerebro y fenómenos psíquicos, llegando a postular una posible energía psíquica. Sin embargo, en torno a 1910 Berger ya se había dado por vencido, admitiendo que sus investigaciones había llegado a un punto muerto. Continuó su investigación del cerebro en torno al estudio de la actividad eléctrica, convirtiéndose en el pionero de la encefalografía.
 
A pesar de estas decepciones iniciales, a finales de los años sesenta y principios de los setenta, en algunos sectores la telepatía era casi asumida como una realidad, incluso por autores de [[ciencia ficción dura]] como [[Poul Anderson]]. El detonante final que convirtió este caldo de cultivo en un fenómeno aceptado popularmente se inició con la publicación en la revista francesa ''Science et Vie'' de la noticia de que Estados unidos había realizado con éxito pruebas de comunicación telepática entre tierra y el submarino ''Nautilus'' (a la sazón, el primer submarino [[nuclear]] de viaje bajo el hielo polar). Esta noticia, aunque desmentida por la marina estadounidense, no tardó en ser respondida con otros estudios soviéticos (por ejemplo ''La teoría del aspecto de la información de la telepatía'', I.M Kogan, 1969). En plena guerra fría los gobiernos de los dos grandes bloques, notablemente paranoicos, estaban dispuestos a investigar cualquier posibilidad que el "enemigo" estuviese investigando, lo que dio pie a la publicación de numerosos estudios que hoy en día se sabe que adolecían de graves fallos metodológicos.
 
Esta creencia popular continuó teniendo adeptos entre algunos científicos entusiastas hasta los años ochenta. En 1979 la Universidad Washington de San Luis (Misuri) puso en marcha el Laboratorio McDonnell de Investigación Psíquica. Entre los sujetos reclutados para el estudio, el mago e ilusionista James Randi introdujo a dos adolescentes Michael Edwards y Steve Shaw, que durante tres años estuvieron engañando a los científicos, demostrando que el estudio de lo paranormal adolecía de apropiados controles experimentales y que, si estos existieran, se evidenciaría la ausencia de fenómenos psíquicos.


== La telepatía en la ciencia ficción: ==
== La telepatía en la ciencia ficción: ==


Hay muchos ejemplos de telepatía dentro de la ciencia ficción.
Dentro de la [[ciencia ficción]] la telepatía ha sido un tema central en muchas obras. En épocas tempranas, se asumía que comunicarse mentalmente era una posibilidad real y que la ciencia llegaría a desentrañar su funcionamiento. A medida que los estudios científicos iban recortando el terreno en el que esto podía ocurrir, los autores fueron planteando ciertas premisas más o menos verosímiles.
 
Una de las corrientes más populares relacionaba la telepatía con la actividad eléctrica cerebral, tal como intentara demostrar Hans Berger. Según ésta, nuestro cerebro produce un campo eléctrico que puede ser medido; sería entonces posible que algunos seres (los telépatas) tuvieran la capacidad de captar e interpretar ese campo, leyendo así el pensamiento.
 
Las implicaciones éticas que tiene la intromisión en los pensamientos de otra persona ha dado mucho juego a los escritores de ciencia ficción, que han construido sobre este [[nóvum]] interesantes obras [[prospectivas]].
 
Hay muchos ejemplos de telepatía dentro de la ciencia ficción:


''[[El hombre demolido]]'' (1952) de [[Alfred Bester]] (primera novela ganadora de un [[Premio Hugo]]) retoma el argumento de ''Crimen y castigo'' trasladándolo a un mundo de telépatas. Si bien (como ya demostró Dostoievski en la obra original, o repetidamente [[Sir Arthur Conan Doyle]] con su Sherlock Holmes) la telepatía no es necesaria para desenmascarar un crimen aparentemente perfecto, Bester se vale de la misma para profundizar en la sensación de acecho, fomentando el remordimiento, sin necesidad de recurrir a extensas descripciones psicológicas.
''[[El hombre demolido]]'' (1952) de [[Alfred Bester]] (primera novela ganadora de un [[Premio Hugo]]) retoma el argumento de ''Crimen y castigo'' trasladándolo a un mundo de telépatas. Si bien (como ya demostró Dostoievski en la obra original, o repetidamente [[Sir Arthur Conan Doyle]] con su Sherlock Holmes) la telepatía no es necesaria para desenmascarar un crimen aparentemente perfecto, Bester se vale de la misma para profundizar en la sensación de acecho, fomentando el remordimiento, sin necesidad de recurrir a extensas descripciones psicológicas.

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