Diferencia entre revisiones de «La caída de Hyperion»

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Este segundo libro de la saga abandona la estructura del primero; ya no se trata de una colección de historias con un elemento común aglutinador (el [[planeta]] Hyperion y la criatura del Alcaudón), sino de una historia compuesta por varias tramas que se enredan.
Este segundo libro de la saga abandona la estructura del primero; ya no se trata de una colección de historias con un elemento común aglutinador (el [[planeta]] Hyperion y la criatura del Alcaudón), sino de una historia compuesta por varias tramas que se enredan.


Sin embargo, en ''La caída de Hyperion'' se pierde aquello en lo que Simmons había conseguido cierto éxito (una serie de historias breves, bien narradas, con estilos muy diferentes, adecuados a cada personaje) y la novela se pierde en tramas cada vez más confusas, con personajes demasiado extraños y poco creíbles con los que no es posible empatizar, con cambios súbitos de una trama a otra que no consiguen mantener el suspense sino romperlo, con numerosos ''deus ex machina''. Si en ''Hyperion'' las historias eran lo bastante breves como para que estas soluciones repentinas no adquirieran peso, en ''La caída de Hyperion'' se vuelven repetitivas e impiden que se cree una estructura compacta y creíble en la que el lector adivine una lógica coherente.
Sin embargo, en ''La caída de Hyperion'' se pierde aquello en lo que Simmons había conseguido cierto éxito (una serie de historias breves, bien narradas, con estilos muy diferentes, adecuados a cada personaje) y la novela se pierde en tramas cada vez más confusas, con personajes demasiado extraños y poco creíbles con los que no es posible empatizar, con cambios súbitos de una trama a otra que no consiguen mantener el suspense sino romperlo, con numerosos ''[[deus ex machina]]''. Si en ''Hyperion'' las historias eran lo bastante breves como para que estas soluciones repentinas no adquirieran peso, en ''La caída de Hyperion'' se vuelven repetitivas e impiden que se cree una estructura compacta y creíble en la que el lector adivine una lógica coherente.


Se trata, pues, de un libro imprevisible pero no emocionante. No se produce un suspense en el que el lector esté deseando conocer lo que viene después, sino una serie de historias que saltan de un lado a otro y cuyos laberintos y callejones sin salida se resuelven de forma más incoherente que sorprendente.
Se trata, pues, de un libro imprevisible pero no emocionante. No se produce un suspense en el que el lector esté deseando conocer lo que viene después, sino una serie de historias que saltan de un lado a otro y cuyos laberintos y callejones sin salida se resuelven de forma más incoherente que sorprendente.

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