Diferencia entre revisiones de «Biblioteca ficticia»

Ir a la navegación Ir a la búsqueda
2257 bytes añadidos ,  21:49 27 nov 2015
modificaciones / expansiones que merecen atención
(modificaciones / expansiones que merecen atención)
Línea 1: Línea 1:
Un recurso frecuente en los géneros no realistas ([[ciencia ficción]] y [[fantasía]]) es la creación de obras ficticias. Estas obras pueden cumplir varias funciones. Por un parte dotan al [[Escenarios|escenario]] de la acción de una mayor textura, enriqueciéndolo com elementos culturales propios. Por otra, fragmentos citados de estas obras ayudan al autor a definir y caracterizar el mundo que ha imaginado de una forma más inmersiva para el lector.  
Un recurso frecuente en los géneros no realistas ([[ciencia ficción]] y [[fantasía]]) es el postulado de obras ficticias, principalmente literarias, pero también fílmicas, pictóricas o en cualquier otro formato artístico, insertas dentro de la narración. Son obras ficticias en el sentido de que son libros (o películas, o cuadros, etc) que únicamente existen de manera completa en el mundo de ficción creado por el autor, sin existencia en la realidad más allá de su título y algún que otro detalle de su pretendido contenido: una sinopsis, algunos párrafos extraídos o, incluso, una crítica (también ficticia, por supuesto) que, a su vez, ineludiblemente, forman parte de la obra original.  


También el realismo recurre a obras imaginarias, pero su función suele ser otra. Tomemos como ejemplo ''El nombre de la rosa'' (Umberto Eco, 1980). En una abadía benedictina imaginada en el norte de Italia en el turbulento siglo XIV sucede una misteriosa muerte que el abad pide al franciscano Guillermo de Barkerville que investigue. Guillermo comienza sus pesquisas y lo que parecía un caso de suicidio se complica en una intrincada serie de muertes alrededor de un misterioso libro: el segundo libro de poética de Aristóteles. Esta obra inexistente se convierte en el eje de la novela, pero su función es servir de [[McGuffin]], un elemento catalizador de los sucesos que se narran, y no ayudar a construir y definir el escenario ya que éste (la edad media) ya es conocido.
Estas obras pueden cumplir varias funciones, aunque merece destacarse su uso como elemento de contextualización. Fragmentos citados de estas obras ayudan al autor a definir y caracterizar el mundo que ha imaginado de una forma más inmersiva para el lector, al tiempo que dotan al [[Escenarios|escenario]] de la acción de una mayor textura, enriqueciéndolo con elementos culturales propios.


En los géneros no realistas, sin embargo, la situación es otra. El lector se enfrenta a un escenario distinto del mundo real. En alguna ocasiones, como en la ciencia ficción que tiene lugar en futuros cercanos, la diferencia puede ser poca, pero en otras el autor construye un mundo imaginario desde cero, con su propia historia, mitología, costumbres... a menudo resulta difícil transmitir todo ello únicamente a través de la acción, y recurrir a largas explicaciones y descripciones puede romper el ritmo de la lectura o comprometer el pacto de ficción, ya que la lectura siempre resulta más inmersiva cuando el lector percibe que la obra ha sido escrita como si él mismo formara parte del mundo donde se da la acción. Recurrir a textos y obras imaginadas puede ayudar al autor a resolver este problema.
También en los géneros llamados realistas se recurre al uso de obras imaginarias, pero su función suele ser otra. Tomemos como ejemplo ''El nombre de la rosa'' (Umberto Eco, 1980). En una abadía benedictina imaginada en el norte de Italia en el turbulento siglo XIV sucede una misteriosa muerte que el abad pide al franciscano Guillermo de Barkerville que investigue. Guillermo comienza sus pesquisas y lo que parecía un caso de suicidio se complica en una intrincada serie de muertes alrededor de un misterioso libro: el segundo libro de poética de Aristóteles. Esta obra inexistente se convierte en el eje de la novela, pero su función es servir de [[McGuffin]], un elemento catalizador de los sucesos que se narran.
 
De igual manera, la ficción realista ha utilizado obras ficticias para que realizaran otras funciones, integradas como elementos de la trama o como facilitadores del pacto de ficción; pero en muy pocas ocasiones han sido utilizadas para describir y enriquecer el mundo imaginario.
 
En los géneros no realistas, sin embargo, el lector se enfrenta a un escenario que puede llegar a estar muy alejado de su experiencia personal, radicalmente distinto de las coordenadas culturales, históricas y sociales que le pueden ser familiares. El autor construye un mundo imaginario desde cero, con su propia historia, mitología, costumbres... A menudo resulta difícil transmitir todo ello únicamente a través de la acción, y recurrir a largas explicaciones y descripciones puede romper el ritmo de la lectura o comprometer el pacto de ficción, ya que la lectura siempre resulta más inmersiva cuando el lector percibe que la obra ha sido escrita como si él mismo formara parte del mundo donde se da la acción. Recurrir a textos y obras imaginadas puede ayudar al autor a resolver este problema, al tiempo que, casi sin pretenderlo, abre la posibilidad a otros interesantes usos metaliterarios.
 
Esta herramienta no es exclusiva de la ciencia ficción y la fantasía; pero, como hemos tratado de mostrar, su desarrollo, por mera necesidad, ha sido más fuerte dentro de estos géneros no realistas.
 
== Como propiciadores del pacto de ficción: ==
 
Muy interesante resulta el recurso de acudir a la invención de una obra ficticia como vehículo para introducir la narración. Se trata del socorrido "manuscrito encontrado" en una botella, en un viejo estudio, en una librería de antiguo o entre papeles olvidados de un oscuro antepasado, siempre utilizado como herramienta para establecer el pacto de ficción con el lector, en el que el autor interpreta el papel de honesto transcriptor. El truco pretende eludir la evidencia de que la obra es la representación de un mundo imaginado, para convertirse en una crónica o, al menos, la copia de un documento genuino. Los ejemplos de su uso son innumerables, tanto del lado de la ficción como por parte de los géneros realistas. En estos casos, sin embargo, no vamos a considerar que estamos ante obras ficticias, sino meramente ante documentos ficticios. Es decir: lo que no es real es el hallazgo del documento, pero el contenido del documento encontrado se identifica plenamente con el contenido de la obra entregada al receptor.


== Como elementos de contextualización: ==
== Como elementos de contextualización: ==

Menú de navegación