Diferencia entre revisiones de «Avalon»

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No hay cambio en el tamaño ,  19:58 8 jun 2009
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La estructura de la película es típica de la obra de Oshii y en sí misma nos revela algunos aspectos acerca de las intenciones del director.
La estructura de la película es típica de la obra de Oshii y en sí misma nos revela algunos aspectos acerca de las intenciones del director.


Tras es párrafo en el que se nos explica los fundamentos de Avalon, se pasa directamente a una escena de acción en la que vemos a Ash jugar una partida y a través de la cual Oshii nos familiariza con el funcionamiento del juego. Tras ello, los títulos de crédito dan paso a la película en sí.
Tras el párrafo en el que se nos explica los fundamentos de Avalon, se pasa directamente a una escena de acción en la que vemos a Ash jugar una partida y a través de la cual Oshii nos familiariza con el funcionamiento del juego. Tras ello, los títulos de crédito dan paso a la película en sí.


El resto de la obra va alternando las dos realidades, ambas con una estética muy particular, intercalando escenas de acción y los ya famosos monólogos filosóficos a los que les sigue indefectiblemente las no menos famosas largas escenas contemplativas.
El resto de la obra va alternando las dos realidades, ambas con una estética muy particular, intercalando escenas de acción y los ya famosos monólogos filosóficos a los que les sigue indefectiblemente las no menos famosas largas escenas contemplativas.
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La realidad del juego está marcada por la presencia de las ruinas, los oponentes embozados, los múltiples efectos digitales de explosiones y disparos y las peculiares desmaterializaciones de los jugadores y objetos que están a punto de abandonar el juego al ser eliminados, todo lo cual contribuye a crear una sensación de irrealidad, a remarcar que se trata de un juego. Para estas escenas resultó muy importante la colaboración del ejercito polaco, que cedió su campo de prácticas y participó con varios vehículos y soldados.
La realidad del juego está marcada por la presencia de las ruinas, los oponentes embozados, los múltiples efectos digitales de explosiones y disparos y las peculiares desmaterializaciones de los jugadores y objetos que están a punto de abandonar el juego al ser eliminados, todo lo cual contribuye a crear una sensación de irrealidad, a remarcar que se trata de un juego. Para estas escenas resultó muy importante la colaboración del ejercito polaco, que cedió su campo de prácticas y participó con varios vehículos y soldados.


Pero el mundo tras la desconexión resulta ser aún más irreal, gracias a la fotografía, casi hiperrealista. El contraste de luces y sombras se encuentra acentuado hasta el extremo, y la gama de colores queda reducida casi al blanco y negro, un poco amarillento. El verde ha sido sistemáticamente eliminado de la imagen y las máscaras de luces introducen un extraño efecto de desenfoque. Las mismas personas que rellenan los escenarios parecen ''atrezzo'', silenciosas y casi inmóviles (de nuevo, la colaboración del equipo polaco, con el director de fotrografía y los magníficos emplazamientos, contribuyen de manera decisiva a dar cuerpo a esta parte).
Pero el mundo tras la desconexión resulta ser aún más irreal, gracias a la fotografía, casi hiperrealista. El contraste de luces y sombras se encuentra acentuado hasta el extremo, y la gama de colores queda reducida casi al blanco y negro, un poco amarillento. El verde ha sido sistemáticamente eliminado de la imagen y las máscaras de luces introducen un extraño efecto de desenfoque. Las mismas personas que rellenan los escenarios parecen ''atrezzo'', silenciosas y casi inmóviles (de nuevo, la colaboración del equipo polaco, con el director de fotografía y los magníficos emplazamientos, contribuyen de manera decisiva a dar cuerpo a esta parte).


Por eso, cuando Ash accede finalmente al nivel super A, el nivel ''real'', y nos encontramos con una pletórica ciudad de Varsovia, llena de vida y color, es inevitable pensar que lo anterior era ficticio. Más aún cuando recogemos las pistas que Mamoru Oshii nos va dejando siempre en todos sus largometrajes para señalar la progresiva pérdida de conexión con la realidad que sufre el protagonista. Aparte del uso del color, tenemos múltiples juegos con reflejos y diferentes versiones de un mismo objeto (como las numerosas estatuas de ángeles descabezados). Y por supuesto, la presencia del perro, el Basset Hound, que como una marca de cambio de bobina señala cuándo el protagonista ha dado ese paso imperceptible.
Por eso, cuando Ash accede finalmente al nivel súper A, el nivel ''real'', y nos encontramos con una pletórica ciudad de Varsovia, llena de vida y color, es inevitable pensar que lo anterior era ficticio. Más aún cuando recogemos las pistas que Mamoru Oshii nos va dejando siempre en todos sus largometrajes para señalar la progresiva pérdida de conexión con la realidad que sufre el protagonista. Aparte del uso del color, tenemos múltiples juegos con reflejos y diferentes versiones de un mismo objeto (como las numerosas estatuas de ángeles descabezados). Y por supuesto, la presencia del perro, el Basset Hound, que como una marca de cambio de bobina señala cuándo el protagonista ha dado ese paso imperceptible.


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