Diferencia entre revisiones de «Ciencia ficción submarina»
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En la obra [[20.000 leguas de viaje submarino ( | En la obra ''[[20.000 leguas de viaje submarino (Libro)|20.000 leguas de viaje submarino]]'' de [[Julio Verne]] (1869), el habitáculo estrecho y oscuro que eran en realidad los submarinos se transformaba en el [[Nautilus]], una enorme nave con todo tipo de lujos y comodidades, al menos para su [[Capitán Nemo]], que disfrutaba de varias salas para usos tan poco relacionados con un submarino como son las cenas de gala o dar conciertos de órgano. | ||
Más tarde (1954), la versión cinematográfica de la novela ''[[20.000 leguas de viaje submarino (Película 1954)|20.000 leguas de viaje submarino]]'', dirigida por Richard Fleischer y producida por Walt Disney, nos mostró "construido" aquello que sólo habíamos podido ver hasta la fecha en cómics o en nuestra imaginación. La sala del órgano y las enormes cristaleras por las que se ve el fondo marino hacen que el submarino parezca en realidad una enorme mansión anclada bajo el mar. | |||
== Habitar bajo el mar: == | == Habitar bajo el mar: == | ||
Revisión del 21:38 25 mar 2009
Ciudades submarinas de leyenda:
Uno de los sueños más recurrentes de la humanidad es poder habitar bajo el mar con total normalidad. Vivir en esa parte tan poco explorada e inaccesible de nuestro planeta es algo que históricamente se nos ha resistido, pese a todos los intentos y todas las fantasías imaginadas, a día de hoy, es imposible que un ser humano desarrolle toda una vida bajo el mar con normalidad.
Este afán por conquistar el mar, por poder habitarlo con total normalidad como si fuese la superficie terrestre probablemente se remonta al inicio de la civilización. La Atlántida, aparecida por primera vez en los diálogos de Timeo y Critias, de Platón. Una ciudad legendaria de la que nunca se ha probado su existencia pero que ha alcanzado tal fama que durante más de un siglo se la ha buscado con la debida seriedad arqueológica, sobre la que aún hoy incontables personas creen en su existencia y a la que a lo largo de los siglos le han salido imitadores en todos los océanos, como las también hundidas y misteriosas islas de Mu o Lemuria.
La invención del submarino:
Fue gracias a la invención de los primero submarinos, parecidos a grandes barriles de madera y unidos a la superficie por un cordón umbilical que les suministraba aire, cuando empezó a ser una idea algo más racionalmente posible, más que un simple sueño.
En la obra 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne (1869), el habitáculo estrecho y oscuro que eran en realidad los submarinos se transformaba en el Nautilus, una enorme nave con todo tipo de lujos y comodidades, al menos para su Capitán Nemo, que disfrutaba de varias salas para usos tan poco relacionados con un submarino como son las cenas de gala o dar conciertos de órgano.
Más tarde (1954), la versión cinematográfica de la novela 20.000 leguas de viaje submarino, dirigida por Richard Fleischer y producida por Walt Disney, nos mostró "construido" aquello que sólo habíamos podido ver hasta la fecha en cómics o en nuestra imaginación. La sala del órgano y las enormes cristaleras por las que se ve el fondo marino hacen que el submarino parezca en realidad una enorme mansión anclada bajo el mar.
Habitar bajo el mar:
También H.P. Lovecraft, fantaseaba con la recolonización del mar por un ser humano transformado por ancestrales y oscuros poderes en los llamados Profundos. Esta recolonización tiene que llevar al ser humano hasta la ciudad sumergida de R'lyeh, donde yace el antiguo dios Cthulu, eje crucial de gran parte de su obra. Hay alguna descripción de R'lyeh en los Mitos de Chtulu, y la describen como una ciudad ciclopea de arquitectura no euclidiana. Sin embargo, debido a las mutaciones "necesarias" para habitar esa ciudad bajo el mar, H.P. Lovecraft se queda más cerca de la fantasía que de la ciencia ficción racionalmente posible.
El renombrado autor de ciencia ficción Arthur C. Clark, en su obra En las profundidades (1957), nos brinda otro de los escasos ejemplos de ciencia ficción submarina.
Sin embargo, pese a que los océanos cubren el 71% de nuestro planeta, la mayor parte de los autores del género han preferido basar sus obras en la exploración espacial, por lo que no abundan ejemplos de ciudades submarinas. El último libro mencionado junto la película Abyss (1989), probablemente sean los dos ejemplos mejor explicados y más coherentes de lo que podría ser la vida submarina, al menos los aparecidos en la ciencia ficción.
Posteriores a estos dos ejemplos, tenemos esa versión modernizada del Nautilus llamada SeaQuest, o la ciudad submarina de Otoh Gunga, que no tienen demasiado interés pese a lo vistosos que son o la divulgación que tuvieron en su día.