Solaris (Libro)

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Nota: Este artículo se refiere a la novela de Stanislaw Lem. Para otros usos ver Solaris.

Solaris (Libro)
Autor: Stanislaw Lem
Otros títulos:
Datos de primera publicación(1):
Título original: Solaris
Revista o libro: Solaris
Editorial: Warszawa: Wydawnictwo MON
Fecha Fecha desconocida de 1961
Publicación en español:
Publicaciones(2): Solaris
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos: Geffen
Otros datos: Adaptaciones cinematográficas:
Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972)
Solaris (Steven Soderberg, 2002)
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Stanislaw Lem (1961)

En esta novela Lem especula acerca de una de sus principales preocupaciones: la posibilidad de comunicación con seres extraterrestres.

En la novela, Solaris es el nombre de un planeta descubierto un siglo antes del comienzo de la narración, pero con características sorprendentes. El planeta está cubierto de un vasto océano en el cual ocurren fenómenos extraños: el líquido que lo forma (no es agua sino algo más viscoso, una especie de coloide orgánico) forma en ocasiones complejas formas en la superficie sin que haya podido ser explicado el mecanismo de dicho fenómeno y que parecen indicar voluntad e inteligencia.

Para estudiar el planeta, y en particular al océano, existe una base científica cerca de la superficie. Se nos va relatando que después de años de entusiasmo ante la perspectiva del primer contacto del ser humano con otra especie inteligente, el interés ha ido decayendo ante la falta de resultados, que hacen especular sobre la imposibilidad de establecer dicho contacto,

En el momento en que Kris Kelvin es enviado a la base, esta sólo está habitada por tres científicos. Pronto Kelvin descubre que uno de los miembros de la tripulación, Gibarian, su mentor, se ha suicidado. De los otros dos, Snaut parece receloso y Sartorius se niega dejarse ver. Kelvin descubre también indicios de que en la nave hay más gente de la que debería haber. Sin embargo, ni Snaut ni Sartorius parecen dispuestos a contarle qué ocurre en la base.

Este es el comienzo de la historia.

El contacto

Stanislaw Lem, pensador multidisciplinar, dedica buena parte de la novela a filosofar acerca de la posibilidad de contacto inteligente con otras especies. Para ello se vale de un ejemplo extremo. El océano de Solaris parece albergar una monstruosa conciencia, pero es tan absolutamente diferente al ser humano que se tardan años siquiera en concebir que nos encontramos ante otro ser inteligente.

Cuando finalmente se hace ineludible la evidencia, a los científicos humanos se les plantea el terrible problema de cómo establecer ese contacto. Generaciones de físicos, planetólogos, biólogos y filósofos irán proponiendo hipótesis que expliquen el desconcertante comportamiento del océano, renuente a seguir los esquemas "humanos" de actuación. ¿Nos encontramos ante una inteligencia autista, indiferente a la presencia de otros seres a su alcance? ¿El océano acaso no ha detectado la presencia del ser humano como posible ser inteligente? ¿Quizás no concibe siquiera la existencia de otros seres inteligentes dado que desde que tuvo conciencia, quizás hace cientos de miles de años, él ha sido toda la inteligencia que ha conocido?

Lem nos abre los ojos sobre las posibilidades reales de establecer un verdadero contacto ante el que otros autores (como Carl Sagan) son tan optimistas. Lem nos dice, apoyado en sus conocimientos de lógica, que aunque existan otros seres inteligentes en la galaxia, ni siquiera nos es dado concebir cómo pudieran ser esas inteligencias. Las diferencias, mucho más allá de las simples divergencias culturales, pueden ser tan fundamentales que el contacto sería imposible aún presuponiendo buena voluntad por ambas partes.

El ser humano

Inevitablemente, vinculado a la inhumanidad del océano pensante, surge la cuestión de qué significa ser humano. El océano es algo indescifrable en su conciencia, casi metafísico, lo cual impide realizar muchas comparaciones y cualquier conclusión de las mismas carecería de base. No se puede comparar un gato con una piedra para determinar qué es un gato; de esa manera todo lo más a lo que podríamos llegar es a la conclusión de que un gato no es una piedra.

Por lo mismo, el ser humano no es como el océano de Solaris. Pero si no es la inteligencia ni la voluntad, ¿qué es lo que nos hace humanos?

Para ayudarse en este estudio, Lem se vale de otra creación en su novela, los visitantes que se aparecen a los tripulantes de la estación mientras duermen.

Tras la llegada a la estación, cuando Kris se despierta a la mañana siguiente, descubre que a su lado se encuentra su esposa, fallecida años atrás, por lo que quien (o lo que) hay a su lado debe ser una réplica.

Su primera reacción es de pánico e incomprensión y se deshace de ella por el expeditivo procedimiento de meterla en un cohete y arrojarla al espacio. Pronto descubre que de nada sirve eso: tras la noche aparece una nueva réplica a la que finalmente acepta. Todos los tripulantes han estado recibiendo a estos visitantes, este es el origen de los problemas a bordo de la base. De alguna forma, Solaris es capaz de leer sus mentes durante el sueño y de crear estas réplicas, recreaciones de anhelos o recuerdos antiguos que no se sabe si son juegos crueles, regalos de bienvenida, espías o torpes intentos de comunicación por parte del propio océano.

De esta forma, el libro hace un estudio de la psicología humana enfrentada a acontecimientos perturbadores, a priori imposibles. Kris Kelvin es un científico brillante, un psicólogo, su entrenada racionalidad le enfrenta a la realidad empírica que experimenta en la base y para la que no está preparado. Deberá flexibilizar su mentalidad y superar numerosos "apriorismos" para tener una oportunidad de comprender lo que sucede.

De manera paralela, Hari, la esposa de Kelvin rediviva, seguirá un camino hacia la humanización, en un proceso muy semejante al que años más tarde nos mostrarían los replicantes de Blade Runner. Inicialmente ella no sabrá que no es humana, sino una creación del océano; pero pronto se evidenciará su verdadera naturaleza y se verá obligada a superar la crisis de descubrir que no es humana, que quizás sólo es un instrumento. El lector crecerá al mismo tiempo que el personaje, sentirá la misma aversión que Kelvin en los primeros momentos para terminar empatizando con un ser que, aunque no es enteramente libre (no puede morir y no puede separarse de Kelvin), si es capaz de establecer sentimientos de forma independiente a como originalmente fue creado.

Y esta parece ser la respuesta de Stanislaw Lem a su segunda cuestión: si ser humano no significa únicamente una inteligencia y una voluntad, quizás signifique además la posesión de unos sentimientos, poco racionales y que a veces contravienen nuestra propia voluntad.

Adaptaciones al cine:

Diez años después, Andrei Tarkovsky realizó una adaptación al cine (Solaris, 1972) de la obra, con notable éxito, no sólo por ser una gran obra maestra del cine de ciencia ficción sino por haber conseguido reflejar estas inquietudes.

Steven Soderberg readaptó la obra de Tarkovsky tres décadas después (Solaris, 2002), aligerando las pretensiones metafísicas de ambos, pero manteniendo la sugerencia psicológica de la historia de amor, y envolviéndola en una admirable estética.

Premios:

  • 2003: Premio Geffen (Israel) a mejor novela de ciencia ficción traducida al hebreo