El anacronópete

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El anacronópete
Autor: Enrique Gaspar y Rimbau
Otros títulos:  
Datos de primera publicación(1):
Título original: El anacronópete
Revista o libro: El anacronópete
Editorial: Daniel Cortezo y C.ª
Fecha Fecha desconocida de 1887
Publicación en español:
Publicaciones(2): E. Gaspar (Novelas)
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos:
Otros datos:
Fuentes externas:
Tercera Fundación Ficha
ISFDB Ficha
Otras fuentes  
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Enrique Gaspar y Rimbau (1887)

El anacronópete es una obra de Enrique Gaspar y Rimbau, cónsul español y escritor de cierto prestigio.

Originalmente concebida como una zarzuela en tres actos, se trata de la primera obra en la que se imagina una máquina del tiempo. Aunque no es la primera historia de viajes en el tiempo (este título corresponde a El reloj que marchaba hacia atrás, de Edward Page Mitchell, relato publicado en 1881), sí se trata de la primera historia en la que aparece un invento diseñado y construido en base a leyes físicas con el objeto de viajar en el tiempo.

La trama:

Don Sindulfo es un científico zaragozano invitado a la Exposición Universal de París de 1878 para mostrar al mundo el Anacronopete, máquina de su invención, construida en base a sus estudios sobre la naturaleza del tiempo, y con la que pretende viajar al pasado.

Sin embargo, las intenciones del sabio no se deben a una pura devoción a la ciencia, sino que tiene motivos más personales y no completamente altruistas. Don Sindulfo se halla enamorado de su pupila y sobrina, Clara; pero esta le rechaza por estar enamorado de un capitán de húsares. El sabio pretende viajar a una época pasada en la que hacer valer sus derechos como tutor para obligar a Clara a casarse con él.

La novela:

Se trata de una novela de aventuras mediante la cual, como luego hiciera H.G. Wells, Enrique Gaspar pretende introducir algunas críticas a la sociedad española del momento. La obra, pese a quedar convertida en novela, no pierde la estructura inicial en tres actos, ni el abundante toque cómico y ligero de la zarzuela original. A estos elementos (aventuras, humor y crítica solapada) se añaden varios pasajes de pura erudición sobre historia en general.

La novela, escrita en el siglo XIX, tiene los defectos de gran parte de la literatura de aquella época. El estilo es ampuloso a veces, con una gramática artificial que pretende ser culta y que se acentúa en los discursos de los sabios, pero que puede restar fluidez; los personajes son planos, las situaciones que plantea y sus soluciones poco creíbles... Desde el primer capítulo, Enrique Gaspar pretende que se compare su obra con la de Julio Verne, autor que menciona explícitamente, y juega la baza del patriotismo al contraponer la manera de ser española y la francesa.

A la sazón, Verne estaba muy de moda, y adaptaciones de sus obras al teatro tenían enorme éxito por el despliegue de imaginación que suponían. El Anacronopete imita la estructura de las obras de Verne, imita también su libertad de imaginación, pero las exagera y transforma con el objeto de hacer comedia y crítica. Así, el inventor zaragozano imita a los inventores de Verne (Robur, Nemo...) al ser capaces de crear adelantos tecnológicos formidables, pero perseguir fines individuales en lugar de beneficiar a la humanidad. Sin embargo, Don Sindulfo se aparta de la figura trágica casi superhumana de aquellos, su fin no es la venganza ni el dominio de la humanidad, sino la mezquindad de querer obligar a su sobrina a casarse con él, una pretensión que le pone en ridículo.

La historia está empapada de los prejuicios de la época: debilidad de las mujeres, que deben ser protegidas por los valientes soldados, prejuicios raciales, exaltación de la moral religión católica... Y de nuevo, estas asunciones son puestas en entredicho a través del humor y el ridículo: En cuanto al papel de la mujer, Juana, la doncella de Clara, se mofa continuamente de Don Sindulfo, su amo. Y en cuanto a la religión cristiana, toda la historia Bíblica es tomada al pie de la letra, como hechos verídicos contrastables. Gaspar asume para su obra la pintoresca cronología del obispo James Ussher, pese a ser evidente desde hacía más de un siglo que la Tierra tenía que ser enormemente más longeva. Toda esta pretendida seriedad, por si no quedara claro su absurdo, es puesta una vez más a prueba cuando los crononautas deciden asumir como cierta la metempsícosis, resolviendo apenas en una frase la incompatibilidad con la verdad cristina aduciendo una especie de ecumenismo panreligioso por parte del mismo Dios.

Numerosas otras marcas de ficción nos indican que estamos ante una sátira, como la proliferación de políticos torpes o corruptos, la exageración deliberada y mofa de la erudición de los sabios, con una memorable competición en la que quedan en ridículo, o un no menos memorable monólogo sobre los medios y tipos de escritura que constituye una burla sofisticada a las abundantes digresiones técnicas de las "novelas científicas" que imita, de las que también toma prestadas, de nuevo hasta la exageración, el recurso del deus ex machina.

A pesar de todos estos puntos de interés, la novela ha envejecido quizás peor que las de su coetáneo Julio Verne, al basarse casi por entero en la sátira y carecer de un verdadero motor especulativo, algo que la dotase de verdadera universalidad.

En resumidas cuentas, la novela puede ser interesante como curiosidad dentro del género, pero su lectura es poco recomendable para todo aquel que no tenga interés en la historia de la ciencia ficción.