Congreso de futurología

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Congreso de futurología
Autor: Stanislaw Lem
Otros títulos: El congreso de futurología. De las memorias del astronauta Ijon Tich
Datos de primera publicación(1):
Título original: Ze wspomnien Ijona Tichego Kongres futurologiczny
Revista o libro: Bezsenność
Editorial: Wydawnictwo Literackie
Fecha Fecha desconocida de 1971
Publicación en español:
Publicaciones(2): Congreso de futurología
Otros datos:
Saga: Ijon Tichy
Premios obtenidos: No se conocen
Otros datos: No hay otros datos
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Stanislaw Lem (1971)

Antes de nada hay que aclarar que esta no es la primera aventura de Ijon Tichy, un astronauta que ya fue protagonista de otros relatos de Lem. No obstante, no es necesario conocer la vida anterior de Tichy para comprender lo relatado.

La historia se inicia con el Octavo Congreso Mundial de Futurología, celebrado en Costa Rica y al que Tichy ha sido invitado. En este congreso se tratarán acerca de los problemas mundiales más acuciantes, y aquí Lem se muestra muy lúcido al señalar la superpoblación, la crisis alimenticia y el deterioro del ecosistema como tres de los peligros más inminentes. La acción parece discurrir como una simple parodia de humor negro inteligente de estos congresos, muy al estilo de la sátira desplegada en otras obras de Lem, cuando, de repente, estallan disturbios con enfrentamientos entre el gobierno y los rebeldes opositores en los cuales se utilizan nuevas armas químicas psicoactivas.

Tichy y algunos otros consigue huir a las cloacas debajo del hotel del congreso, pero a pesar de todo son afectados por los alucinógenos.

Comienza aquí una serie de alucinaciones y falsos despertares que comienzan siendo muy delirantes y que inducen a confusión al protagonista, que finalmente no puede estar seguro de si está soñando o ya está despierto.

Vehículo para la crítica:

Lem no se limitaba a realizar sainetes inteligentes, sino que su literatura llevaba la semilla de la crítica más incisiva. Las primeras historias de sueño y despertar no son gratuitas sino que van encaminadas a conseguir la desorientación total del protagonista. Cuando finalmente emerge a un aparente estado de lucidez, en un futuro en el que la química que él ha experimentado se ha desarrollado tanto que puede crear verdaderas realidades virtuales, Tichy ya no puede por menos que desconfiar.

Aún así, el futuro que plantea Lem, aunque pueda ser cada vez más desquiciado, acarrea una lógica interna inexorable. El matrimonio entre la superpoblación (y lo que acarrea) con la creación de realidades químicas parece conducir a una antiutopía; es decir, ante una aparente utopía que no podemos aceptar, como en el caso de Un mundo feliz (1932), pero que puede ser impuesta por necesidad.

Si nos relacionamos con el mundo a través de los sentidos, la realidad que nos vale es aquella de la que nuestros sentidos nos informan. La química puede ensalzar nuestra percepción de la realidad de manera que nuestra casa nos parezca más bonita, que siempre parezca que hace sol, que las calles estén alfombradas de césped y que incluso la gente parezca más guapa. Y esto no parece malo.

De ahí, Lem va avanzando un paso más cada vez hasta transformar la utopía en pesadilla por un camino lógico y necesario.

Un relato:

Pese a su profunda temática y su longitud de novela corta, la historia es en realidad un relato a caballo entre la elucubración, la filosofía y la sátira. No debe ser leído como si fuera una novela sino como si fuera una historia más de Ijon Tichy, aunque de inusitada longitud. De otra forma, el final puede llegar a decepcionar, restando fuerza a los poderosos argumentos puestos en juego.