Bomba de Arco Iris

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La bomba de Arco Iris es un bomba atómica detonada a gran altitud. Se consigue con esto eliminar la destrucción material del objetivo, ya que muchos de los efectos de la explosión nuclear se ven minimizados e incluso desaparecen tras propagarse unas decenas de kilómetros.

Se elimina la exposición directa a radiaciones ionizantes, el pulso térmico y la onda de choque, principales causas de la destrucción y mortandad.

Permanece sin embargo algunos de los efectos derivados de la radiación ionizantes liberada: la creación de un potente pulso electromagnético y, posteriormente, la saturación atmosférica haciéndola opaca a las ondas de radio (efecto blackout).

El resultado es un ataque no letal que puede afectar a zonas inmensamente grandes. Los aparatos eléctricos no protegidos son averiados por el pulso electromagnético y el efecto blackout imposibilita las comunicaciones mediante los aparatos protegidos durante horas e incluso días.

Pulso electromagnético de gran altitud:

Una explosión nuclear libera el 80% de su energía en forma de radiación ionizante, extremadamente penetrante y capaz de recorrer grandes distancias, que interactúa fuertemente con la materia, ionizando la atmósfera. Arranca electrones de las capas más externas de las moléculas y les confiere gran energía. Estos electrones en movimiento generan un fuerte campo electromagnético.

La detonación en la estratosfera, donde la densidad atmosférica es mínima, permite que esta radiación se propague abarcando un mayor área antes de consumirse.

Una explosión a 100 kilómetros de altura irradia una zona de más de mil kilómetros de radio y a 500 kilómetros de altura, el área de deposición abarca todo un continente. A partir de los 600-700 kilómetros de altura, dependiendo de la potencia del artefacto detonado, deja de producirse el efecto.

Una bomba de un megatón puede fácilmente generar un pulso electromagnético de 50.000 voltios por metro; es tan potente que produce pequeñas auroras boreales, lo que le ha conferido el poético nombre de "bomba de Arco Iris". La mayoría de los circuitos electrónicos resultan abrasados al ser sometidos a un campo de 4.000 V/m.

El efecto es similar a la descarga de un rayo, ya que efectivamente se está proporcionando una gran corriente eléctrica a todo aquel objeto en tierra que sirva como receptor.

Blackout:

Tras la disipación del pulso electromagnético que ha dejado inutilizado todo aparato no protegido y posiblemente ha generado multitud de incendios de origen eléctrico, la atmósfera aún permanece ionizada, con mucha menos energía. Esta ionización va disipándose con el tiempo, los átomos ionizados van captando los electrones libres y al hacerlo liberan fotones.

El efecto es el de una radiación caótica de fondo que impide el paso de las ondas de radio. Así, mientras esta radiación remanente se disipa, la zona queda incomunicada por este medio durante días.

Bomba Arco Iris en la realidad:

Aunque los efectos electromagnéticos de una explosión en el espacio exterior ya habían sido predichos, la primera prueba nuclear en la que se detectaron fue en la detonación de la Starfish Prime, el 9 de julio de 1962. Se trataba de un artefacto de 1,4 megatones detonado a 400 kilómetros de altura sobre el océano Pacífico (un área relativamente despoblada). En Hawai se pudo observar la aurora artificial durante unos siete minutos. Algunos informes atestiguan malfuncionamiento en el sistema telefónico radio y televisión de las islas y algunos otros efectos como el apagón de unas trescientas farolas.

El Tratado de Limitación del uso de energía atómica en el espacio firmado en 1963 puso fin a las detonaciones de armas nucleares en la atmósfera. No obstante, se asume que las principales potencias nucleares tienen capacidad para lanzar un ataque como este. Una bomba de un megatón montada en un misil balístico intercontinental sería suficiente.

Bomba de Arco Iris en la ciencia ficción:

La bomba de arco iris se está poniendo de moda en la moderna ciencia ficción.

En el relato Rosa Araña (1982), de Bruce Sterling se describe el uso de misiles con cabeza nuclear para producir el efecto electromagnético en las batallas espaciales.

En Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986), novela gráfica de Frank Miller, los soviéticos lanzan un enorme misil nuclear al que dan el nombre de "enfriador". Superman consigue desviar su trayectoria para que no impacte en un núcleo de población, pero esto resulta accesorio para los objetivos de tal arma. La detonación produce un pulso electromagnético que sume en al oscuridad tecnológica a gran parte de las ciudades norteamericanas, y el lanzamiento a la atmósfera de miles de toneladas de polvo y cenizas provoca un invierno nuclear en Estados Unidos, característica que da nombre a la bomba.

En la serie de televisión Dark Angel (Ángel de la noche) una bomba de Arco Iris es detonada por un grupo terrorista en un momento no determinado en torno al año 2010. De esta forma se plantea un escenario futuro en el que una tecnología resurgente convive con los restos de una sociedad en la que la mayoría de los bienes de consumo electrónicos han desaparecido. El débito electrónico ha sido cancelado, los automóviles y los teléfonos portátiles han desaparecido, la televisión se ve mal... En consecuencia la sociedad se ha derrumbado parcialmente.

El uso de un pulso electromagnético de gran altitud es también una de las premisas fundamentales de Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017), continuación de la obra seminal de Ridley Scott, Blade Runner (1982). Los acontecimientos, narrados en el corto promocional Blade Runner: Black Out 2022, dirigido por Shinichirô Watanabe, causan el borrado de los registros electrónicos que identifican a los replicantes, permitiendo la revalidación del escenario distópico y dando nueva plausibilidad a la necesidad de un cazador de replicantes.

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