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  | Fuente= Tercera Fundación
 
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Última revisión de 11:05 3 jun 2014

¡Hagan sitio, hagan sitio!
Autor: Harry Harrison
Otros títulos:
Datos de primera publicación(1):
Título original: Make Room! Make Room!
Revista o libro: Make Room! Make Room!
Editorial: Doubleday
Fecha Fecha desconocida de 1966
Publicación en español:
Publicaciones(2): '
Otros datos:
Saga:
Premios obtenidos:
Otros datos: Adaptación al cine:
Cuando el destino nos alcance (1973)
Fuente externa: Ficha en Tercera Fundación
Notas:

  1. De la presente variante. Puede haber variantes anteriores. Consultar la fuente externa para ampliar información.
  2. Publicaciones en español las que la presente variante ha aparecido. Puede haber otras publicaciones de esta misma u otras variantes. Consultar la fuente externa para ampliar información.

Harry Harrison (1966)

El libro supone la brillante exposición de una distopía en la que la ausencia de políticas de control de natalidad ha degradado las condiciones de vida de las ciudades hasta niveles angustiosos. Fue muy impactante en su momento y dio origen a una versión cinematográfica con el título aminoso de Cuando el destino nos alcance.

La novela:

Se acerca el año 2000 (el futuro a medio plazo en el momento en que se publicó la novela) y el gobierno estadounidense mantiene su política de incentivo a la natalidad que les llevó al baby boom después de la Segunda Guerra Mundial.

Entonces era una política inteligente, se necesitaban nuevos nacimientos que reemplazaran a los muertos en el conflicto. Pero el mantenimiento de esta tendencia ha desembocado en la superpoblación y la merma de recursos.

Harry Harrison lleva la distopia hasta el extremo. Con treinta y cinco millones de habitantes (actualmente tiene ocho millones), Nueva York es una ciudad degradada en la que la gente debe dormir en la calle; donde los ciudadanos de la tercera edad se han unido en ligas y se manifiestan violentamentey reprimidos por fuerzas antidisturbio que no dan abasto, superadas por jornadas de trabajo dilatas, sin recursos y con sueldos retenidos; existen colas de racionamiento de agua y alimentos, y cartillas especiales para aquellos casos de malnutrición infantil.

Y sobre todo, no hay sitio para vivir. Los apartamentos han sido divididos y vueltos a dividir para albergar a las nuevas familias numerosas y el protagonista de la novela se puede considerar afortunado porque le es permitido habitar en una habitación de unos tres metros cuadrados para él sólo.

A pesar de todo, el gobierno mostrado por Harry Harrison se niega a cambiar de política, algo racional y económicamente absurdo. El motivo, la moral conservadora se ha impuesto de forma alarmante: el aborto es ilegal y los métodos anticonceptivos también.

El protagonista, Andy, es un honesto policía saturado de trabajo (y nos referimos a jornadas de catorce o dieciocho horas) que tiene que investigar un caso de asesinato para el que no tiene tiempo. Los asesinatos que no se pueden resolver inmediatamente (crímenes pasionales, testigos...) se archivan. Pero este es especial: alguien con dinero relacionado con la mafia.

Así conoce a a Shirl, una hermosa joven que vivía con el mafioso. Ser la chica de alguien con dinero era su forma de sobrevivir.

Se sienten atraidos y surge la historia de amor, claro, pero pertenecen a mundos distintos. Shirl está acostumbrada a poder darse un baño de vez en cuando y compartir la casa (un apartamento de salón, concina y una única habitación) con tan sólo una persona más.

Harri Harrison consigue que las pequeñas comodidades a las que está acostumbrada Shirl nos parezcan lujos deliciosos. En contraste, el mundo de Andy (ni siquiera el peor en esa sociedad) es claustrofóbico, más propio de una postguerra.

En efecto, podemos imaginar vivir unos cuantos años bajo restricciones, haciendo un sacrificio por un hipotético bien común mientras el pais se recupera de un desastre. Sería penoso, difícil, pero soportable debido a dos motivos: hay esperanza de que cambie a mejor en un futuro no lejano y tiene sentido sacrificarse ahora por ese futuro.

Harrison nos desposee en la novela de esa ayuda: nada va a mejorar porque la política no cambia. Sólo irá a peor, más gente, menos recursos. ¿Y por qué? El mal entendido respeto a la vida (no controlar la natalidad) en realidad lo que hace es degradarla.

El mundo real:

La advertencia de Harry Harrison tenía más sentido en los años sesenta cuando se publicó la obra. La población estadounidense aumentó en 30 millones de personas durante la década de 1960, pasando de 150 a 180 millones, pese a una política migratoria relativamente restrictiva. Esto fue debido a multiples factores, de entre los cuales cabe destacar la bonanza económica del pais a raiz de la guerra, frente a la depresión que acababa de afrontar inmediatamente antes.

La moral de dirigentes posteriores como Reagan y Bush ha sido fuertemente conservadora, y sin embargo no ha vuelto a darse el caso de una explosión demográfica como aquella. Quizás eludimos aquella advertencia o puede que nos autoregulásemos eficientemente sin necesidad de otras alarmas.

La advertencia parece más adecuada para un sistema político totalitario, donde lo social y lo económico no van tan entrelazados. No perdamos de vista, por ejemplo, el boom demográfico de China y su actual política de ferreo control de la natalidad.

De manera similar, el elevado índice de natalidad en el continente Africano va asociado también a un alto índice de mortalidad por malnutrición y enfermedad. ¿Causa o consecuencia? En cualquier caso, tomando prestado el título del film, será mejor que ese destino no nos alcance.

Premios:

A pesar de la gran fuerza de este relato, no obtuvo ningún premio destacado.

Adaptación cinematográfica: