Música: Sonorama 2005.

 

 

El Sonorama del 2005 fue el salto cualitativo de este festival y un rotundo “mentís” a quienes opinaban que las cosas buenas sólo ocurren en otras partes. Muchos vimos con preocupación el que en la edición del 2003 se optara por proporcionar entrada libre (sin duda muy positivo) a costa de tocar “en la plaza del pueblo” y con toque de queda a la una. Para quienes acudíamos una vez más a Aranda en busca de buena música, el encanto agro-industrial de la rave posterior servía apenas para maquillar los hechos: el Status Quo había fagocitado un movimiento lleno de fuerza y lo había apoltronado.

Más aún. Basándonos en simples razonamientos económicos, podíamos vaticinar el final del festival. Sin cobrar una entrada, los organizadores dependían por completo de los patrocinadores y quedaban en manos de las ayudas de las administraciones públicas. Y sin poder prolongar los conciertos hasta la madrugada ni disponer de espacios con aforo suficiente, era poco probable que grandes grupos se comprometieran a asistir.

En la edición del 2004 parece que las cosas volvían por sus cauces normales y grupos nacionales de gran calidad como Sidonie o Mastretta conseguían que el Sonorama volviera a sonar como un festival interesante, sin mayores pretensiones. El formato parecía claro: pop nacional bastante asequible en un campo de fútbol de provincias con capacidad para unos cuantos miles. De ahí no iba a pasar.

Eso eran conjeturas. El pasado agosto once mil personas acudieron a ver un cartel variado y jugoso con grupos internacionales como Mogwai, ejecutantes de un estilo complicado, el post-rock, que rara vez se asocia al pop que tradicionalmente se ofrecía en otras ediciones y al que no han renunciado en absoluto. En el otro plato de la balanza, la necesidad de cobrar una sustancial entrada (50 euros si la adquirías en taquilla) alejaba un poco al evento de su carácter asequible.

Ahora, los agoreros tendrán que dirigir sus lamentos plañideros a otra parte. Quizás a la muerte por éxito. Como se podía escuchar en los corrillos, el campo de fútbol Virgen de las Viñas se ha quedado pequeño para tanta gente y se hace necesario dotar al festival de mayores servicios. La piscina municipal, un edén en el que reponer fuerzas antes de los conciertos, empieza quedar saturada; no cabe una toalla más en el césped ni una persona más en la cola de las duchas.

Pero vayamos al grano, a lo verdaderamente importante. Los conciertos. Pasemos a dar una corta reseña de la actuación de alguno de los grupos.

 

Australian Blonde: Un bonito detalle.

Abrían el espectáculo y comenzaron una hora tarde debido a problemas achacables, suponemos, a la organización. De estos chicos sólo me gusta una canción, Black. Por eso, cuando decidieron acortar su intervención, me pareció un bonito detalle que revertía en beneficio de todos.

 

Madee: Afortunado descubrimiento.

No conocía a este grupo madrileño y quizás por eso escuche su música sin prejuicios. Suenan como si fueran británicos y eso –para los que estamos hartos del pop naïf del Diario Pop de radio 3– es un balón de oxígeno.

 

Maga: No.

Todo lo contrario a Madee, a quienes sólo se parecen en la inicial del nombre. El cantante tiene un acento tan empalagoso como su música y sus letras. Lo peor de todo es que no hago más que ver publicidad de este grupo. ¿Quién les está promocionando? ¿Por qué?

 

Chk Chk Chk (!!!): La música no muere.

Eso queda claro después de ver derrochar energía en el escenario a este grupo (mención especial al cantante). Su música te puede gustar más o menos, pero tienen ritmo, energía y saben transmitirlo. Para divertirse y desfogarse. Un ejemplo a seguir.

 

Cycle: Precocinados.

Las primeras veces que escuché a este grupo me alegré por los ecos y homenajes que reconocía de otros grupos de los 80 (Depeche Mode, Faith No More, Sisters Of Mercy…). Me dije: “Este es un síntoma de la recuperación de la música en España.” Tras el concierto de Aranda, tuve que admitir que había sido demasiado optimista. A Cycle le faltan muchas tablas. Sobre todo, su sonido (a base de teclado y sintetizador) suena preparado y rígido, absolutamente inadecuado para un concierto. Supieron componer a partir de los sonidos de otros, ahora deben aprender a tocar el producto que han producido. El único que se salva, el guiri, un profesional con el culo pelado de tocar en las calles animando el cotarro para conseguir pasta para el billete de tren. Había oído que dejaba el grupo para largarse a la India, pero los rumores actuales hablan de la vuelta al estudio. ¿Una segunda parte de Cycle sería una buena idea? Posiblemente, aún pueden divertirnos, y eso ya es mucho.

 

Second: Operación Triunfo debería ser esto.

Jamás había oído hablar de este grupo. Eso es normal, al fin y al cabo se han dado a conocer por haber ganado la “Gran Batalla de Grupos” de la pasada edición. Hasta entonces, perfectos desconocidos, currantes de la guitarra con otros trabajos más mundanos para ir tirando. Ahora, cuasifamosos. Vamos, algo así como Eurovisión u Operación Triunfo. La diferencia: Second suena bien, muy bien.

 

Los Planetas: NS/NC.

¿Por qué los radioyentes de radio 3 siguen insistiendo en que éste es el mejor grupo español? Hace años que no proporcionan nada nuevo, suenan igual que siempre, y todas sus canciones suenan igual entre ellas. Justo es reconocerles lo bueno (Segundo Premio, por ejemplo) pero igualmente hay que exigirles algo de profesionalidad en los directos. Pensando en esto, rehusé verles; pero me dijeron que estuvieron muy bien, que no salieron ni borrachos ni colgados a tocar.

 

Sunday Drivers: Profesionalidad.

Ofrecieron un concierto de gran calidad. Tocaron con confianza, fruto del dominio profesional, y supieron transmitir energía y diversión. Muy notables. Este grupo sube el nivel del avitaminado panorama musical que sufrimos.

 

Mogwai: Lo bueno, si breve, dos veces breve.

Apenas una hora, muy poco. Del primer al último segundo fue un concierto excelente, afinado y medido, Las cinco guitarras de los escoceses suenan como si fueran un único ser, una gestalt, una hidra de cinco cabezas que emite tonos melancólicos, trágicos, contenidos, épicos, pavorosos… Una experiencia sensitiva en el que la música no sólo se escucha, sino que te recorre y te contagia. La entrada del festival ya estuvo bien pagada con sólo escucharles a ellos. Pero… ¡tan corto!

 

Astrud: De minimalismo glam a tecno-ñoño-pop-cañí

¿Qué les ha pasado? Apenas quedan huellas o ruinas del preciosismo elegante y limpio de su primer disco

 

El resto: Pues eso, el resto.

Jet Lag, estaban ahí y lo hicieron bien, suficiente. Ocean Colour Scene, pese a los años de experiencia y el buen sonido que sabemos que es capaz de ofrecer, tocaron sin lucimiento, para cubrir el expediente, nada memorable si los ha visto en alguna otra ocasión. Molotov, por el contrario, pese al escaso tiempo del que disponían, se dejaron la piel y el público se lo agradeció, si bien es cierto que sus últimas canciones son mucho más vulgares y que han adoptado un estilo más agresivo y ruidoso que el mestizaje anglo-mexicano del principio. De Mercromina no se puede decir nada nuevo que los fans no sepan ya, fue una gran despedida, uno de los grupos que (junto con Mogwai) mejor cuidaron la calidad del sonido. En cuanto a Ivan Ferreiro tan sólo cabría apuntar que cuando estaba respaldado por el resto de los Piratas sonaba más sólido y potente, pero que ahora es de suponer que ha encontrado ese intimismo de los artistas con carrera en solitario que tanto suele molar y que tan anodino suele resultar.

 

¿Todo esto merece cincuenta euros? Sin duda sí.

  

 

Alex

Página oficial del Sonorama 2006
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