Poseemos herramientas poderosas

"Grandes poderes conllevan grandes responsabilidades".

(Ben Parker)

 

El hombre -corrección de cortesía- el ser humano: Una máquina extraña, singular. Un espécimen único entre todo lo que conocemos. Dos piernas, dos manos, dos ojos, un mono inteligente.

Inteligente es la palabra. Volición y cognición. Fascinante. Sabemos y queremos, eso nos diferencia del resto de seres en este planeta Tierra.

Bueno, ¿y tan diferente es realmente? Sí y no.

Inteligencia para elegir y voluntad para llevar a cabo nuestras decisiones son dos simples herramientas evolutivas que han permitido que el indefenso mono que somos escape a su destino que no era otro que la natural extinción. Cuando el juego era duro y nuestro nicho en la pirámide biológica estaba amenazado por especies más aptas, cambiamos las reglas del juego; rompimos la baraja, dimos un manotazo en la mesa, las fichas volaron y pusimos nuevas reglas: nuestras reglas.

Es ley lógica: en un sistema guiado por la tradición se introduce un elemento innovador y triunfa. Si el resto de rivales no se adapta a la nueva estrategia de competición, son barridos. Así, de estar al borde de la desaparición hemos pasado a la superpoblación.

¿Somos la especie con más éxito en el planeta? Muchos dirían que no. Hormigas, cucarachas� otros esquemas de supervivencia claramente exitosos. Esto relativiza mucho nuestros logros. Como individuos de una especie, no se nos puede considerar más que como copias de seguridad de un código genético común. Nuestra misión (como individuos y como especie) es la perpetuación de ese código, estamos aquí para sacar tantas copias de seguridad como podamos. Las cucarachas y las hormigas también.

¿Diferencias entre una cucaracha y un ser humano? Cultura, consciencia del entorno, filosofía� chorradas.

Si inteligencia y volición son dos herramientas para la supervivencia, resulta ridículo suponer que el fin individual del ser humano es satisfacer su ansia de saber o, más ampliamente, su deseo (sea este del tipo que sea). Una herramienta es una herramienta, no se puede pretender hacer teleología de unas tijeras de podar; sería como confundir el camino con la llegada.

Sucede tan sólo que son herramientas muy potentes y que al adquirirlas en la tienda no leímos la letra pequeña.

 

«Evolution Plus: este kit de supervivencia le permitirá alcanzar la hegemonía planetaria como especie mediante la creación y desarrollo de diversas técnicas que incluyen la fabricación y manipulación de instrumentos, desarrollo de esquemas cambiantes de adaptabilidad activa, manipulación del entorno y fomento del pensamiento oblicuo entre otros.

»Se advierte que la implementación de este sorfware en el hardware del usuario puede venir aparejada a la aparición de otras aplicaciones relacionadas como puede ser consciencia, inquietud escatológica y curiosidad en general.»

No, ya hemos dicho que el fin como especie es la supervivencia; como individuo, la perpetuación de nuestra carga singular, si bien la diferenciación entre dos individuos cualquiera es genéticamente despreciable, lo que nos lleva a pensar que incluso cuando creemos trabajar para nosotros mismos no hacemos otra cosa que trabajar para el gran grupo. Nuestros genes egoístas nos utilizan como meros vehículos, todo lo indica y habrá que hacer frente a la verdad.

Desechada la paja, volvamos a plantear la pregunta: ¿Diferencias entre una cucaracha y un ser humano? o mejor, cambiemos la pregunta: ¿Qué es mejor, una cucaracha o un ser humano? Siendo el fin que se persigue el asegurar la continuidad, hemos de dar una notable ventaja al insecto, que lleva mucho más tiempo que nosotros (simples advenedizos) faenando entre amenazas. Como modelo de supervivencia, es admirable; un banco avalaría mucho antes un préstamo para fabricar cucarachas que para fabricar personas, ya que las cucarachas han demostrado su competencia mientras que el hombre acaba de salir al mercado y es un producto relativamente novedoso.

Un estudio de mercado, sin embargo, encontraría que parece que hay una nueva tendencia. Los gastos en I+D (el mencionado paquete de habilidades) están dando frutos y valores antes también muy seguros como podían ser los cocodrilos se ven incapaces de hacer frente al nuevo producto y tras unos cuantos millones de años sobreviviendo cabezonamente se ven abocados al desastre actualmente.

Un hombre puede crear (con mucha dificultad, es cierto) un pequeño recinto cerrado en el que no pueda entrar una cucaracha (pongamos que una caja de acero). Una cucaracha no puede hacer lo propio con el hombre. Partiendo de aquí, podemos subir hasta imaginar que ese recinto inexpugnable es más grande cada vez, hasta que al final el recinto lo abarca todo y las cucarachas se han quedado fuera, en la nada.

Tenemos poder e imaginación para usarlo.

Se podría decir que es hacer trampas, que el modelo cucaracha es válido si no lo zancadilleamos por gusto. Es la queja de los débiles. El fuerte hace la ley, y esta no es una característica exclusivamente humana. ¿Era justo acaso que por ser nosotros monos indefensos fuéramos presa fácil y estuviéramos sentenciados? Los leones podrían haberse dedicado a cazar antílopes (mucho más abundantes) y dejarnos a nosotros en paz. Quizás así ahora no les tendríamos tanto rencor. Los depredadores superiores son, y siempre han sido, prepotentes dispuestos a alimentarse del más desvalido, no les tengamos lástima.

Hoy el hombre es el rey, está situado en lo más alto; caza sin ser cazado, el mundo entero es su patio de juegos. ¿Deberíamos preocuparnos por quienes en ningún momento se han preocupado por nosotros? ¿Qué nos importa que desaparezcan los tigres o las focas mientras nosotros mismo sobrevivamos? ¿Qué importa si el planeta entero salta por los aires si a nosotros nos da tiempo de coger un cohete y situarnos en estaciones espaciales autosuficientes en órbita alrededor de Marte?

Quizás así acabáramos con las cucarachas.

 

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