Juventud sin empuje

Un día estaba comiendo el postre frente a la tele, aguantando la misma programación en todas las cadenas, cuando se dejó caer una perla de entre tanta bisutería. En un telediario habían robado dos minutos a los infortunios mundiales para mostrarnos los despojos de una entrevista a José Saramago. Entre las pocas frases entresacadas y montadas para la ocasión, una se me quedó prendida en la conciencia: Este magnífico escritor y pensador decía que no comprendía ni tenía paliativos para la actitud de la juventud. "Se oponen a todo, pero no se van de casa de sus padres. Comida y cama asegurada, estudian si apetece, y normalmente no apetece". Decía que él era más radical, más revolucionario, a medida que se hacía más viejo.

Tuve que darle la razón. Nuestra postura ante la vida gira en torno a una insatisfacción permanente. Protestamos por todo y no hacemos cosa alguna por solucionar nada, invadidos por una especie de sopor que nos ata al estado de cosas actual y nos inhibe para actuar.

¿Por qué es así? No somos tan diferentes a nuestros antecesores, los tiempos son mejores sin dudarlo. Es una actitud característica del mundo desarrollado: A mayor nivel de vida, más acomodaticia se vuelve la sociedad; y cuanto más se da, más se cree con derecho a recibir.

Dejando aparte un sector que indudablemente se da a la sopa boba, a la comodidad personal y cuya inercia social les aboca a vivir del cuento, hay otro sector cuyo problema no es tan simple de ver.

Mi opinión es que este mayor nivel de vida y, sobre todo, la educación hacen más patente la injusticia. A un joven preparado en la universidad le cuesta resignarse ante la idea de terminar trabajando de reponedor en Pryca. ¿Para qué ha estudiado entonces? Y así, desde muy jóvenes se ve que, a pesar de la supuesta igualdad de oportunidades, siempre están los mismos arriba.

No se quiere trabajar en cualquier cosa cuando se tiene potencial para hacer algo mejor.

La sociedad es cada vez más justa, pero tiene que seguir avanzando, no se puede quedar estancada. Un importante sector de la juventud se movería si tuviera un reto asequible ante ellos. Si el fin de la carrera es un trabajo mal retribuido y poco satisfactorio, ¿quién va a querer dejar de ser estudiante? Seguiremos viviendo de los padres mientras se pueda. La vida académica es una época dorada cuyo final se ve venir con malestar, pues le sigue otra época más dura, y sobre todo gris.

La desmotivación es el problema.

¿Por qué los trabajos que ofrecen mayores satisfacciones personales son los mejor retribuidos? Y al contrario: los trabajos más desagradables son los peor pagados.

Hay que equilibrar esto. Eliminar los sueldos desproporcionados y sobre todo, aumentar los sueldos desproporcionadamente bajos o añadir otras contraprestaciones para limpiadores, barrenderos, cajeros, cargadores...

Es muy difícil, pues no se puede bajar los sueldos a las profesiones liberales, que se venden al mejor postor. El dominio de oferta y demanda sobre el mercado laboral es el principal obstáculo para la igualdad, pero es indispensable actualmente para la competitividad.

¿Qué hacer? Promover los trabajos mejor valorados, dignificar los peores con medidas que no afecten al mercado, aumentar las salidas con atractivo. Lo más difícil, crear un mercado nuevo que genere riqueza y satisfacción es sus empleados. Ese podía ser el autoempleo. Trabajar para ti mismo es más gratificante. Internet es una oportunidad única en este sentido.

Algo que no podemos disculpar sin embargo es el acomodamiento, el embrutecimiento que produce la aceptación de la realidad como algo inmutable. El que el mundo sea injusto no es excusa para cruzarse de brazos. A mi modo de ver, tienes sólo dos soluciones honestas. Una, quejarte y hacer algo por solucionarlo. Dos, dejar de molestar con mezquindades y callarte la puta boca. No me gustan los llorones.

El problema es que el mundo es injusto, pero no se lleva mal esta injusticia después de todo. Podemos tragar un poco de mierda si no nos quitan las borracheras de los fines de semana, las vacaciones de verano y la música basura.

 

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